Las Heridas Invisibles que Nunca Cierran.

02/07/2025, Miércoles de Esperanza.

Articulo de opinión de : Ing. Rafael A. Sánchez C.


Doy gracias a Dios que me permite poder escribir artículos de opinión pública. Hoy quiero dirigirme, con
respeto pero con firmeza, a todas esas personas que viven ofendiendo a los demás de manera
consuetudinaria, sin medir las consecuencias de sus palabras y acciones descompuestas, creyendo
ingenuamente que un simple “perdón” basta para restaurar lo destruido.
Para ilustrar esta verdad que muchas veces se prefiere ignorar, quiero contarles una historia:
Un padre tenía un niño de carácter necio, hostil, irrespetuoso e insoportable. El pequeño vivía molestando
e hiriendo a todos a su alrededor. Las quejas llovían sobre su padre, quien, agotado, decidió enseñarle una lección distinta.

-Hijo -le dijo-, cada vez que vayas a ofender a alguien, toma esta tabla y clava un clavo.
El niño, movido por su costumbre de herir, apenas necesitó diez minutos para llenar la tabla con más de
cuarenta clavos. El padre, sorprendido y estupefacto, le pidió entonces:
-Ahora, ve y retira cada clavo, en señal de que pides disculpas.
El niño corrió a hacerlo.
-Papá, ya los saqué todos -dijo con orgullo.

El padre tomó la tabla, la alzó ante sus ojos y le mostró la dolorosa verdad:
-Mira, hijo, cada vez que ofendiste a alguien, clavaste un clavo. Cada vez que pediste perdón, lo retiraste.
Pero observa bien las troneras, los huecos profundos que quedaron. Así sucede en la vida: cuando hieres
a alguien con tus palabras o acciones, aunque pidas disculpas, siempre dejas una herida difícil de sanar.
La enseñanza es clara: no es correcto andar ofendiendo para luego creer que un perdón lo cura todo. La
verdadera grandeza está en el respeto constante, en la empatía diaria y en la prudencia de pensar antes
de hablar y/o actuar.
La Biblia nos recuerda:
“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros
con ellos; porque esto es la ley y los profetas.” (Mateo 7:12, RV1960)
“Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.” (Lucas 6:31,
RV1960)
Hoy, invito a cada lector a reflexionar con honestidad: ¿Qué clase de huellas estamos dejando en los
corazones de los demás? ¿Acaso nuestras palabras están construyendo puentes o dejando heridas que no
sanarán jamás?
No subestimen el poder de un agravio. Las heridas invisibles son las que nunca cierran.


Rafael A. Sánchez C.
El autor es Ingeniero, Locutor, Comunicador y Magister.
DIOS ES BUENAZO…!!!

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