La Gleba Insurrecta del Bronx: Una Vergüenza Nacional

Julio 29, 2025 | Martes de Fe

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

Hebreos 11:1 – RV1960

Por: Ing. Rafael A. Sánchez C.

I.  Introducción sin anestesia

No hay nación digna que no se sonroje cuando su gente ensucia los símbolos que la definen. Lo que vivimos en la mal llamada Parada Dominicana en el Bronx, Nueva York, fue una de las mayores vergüenzas culturales de nuestra historia reciente.

No fue folclor ni orgullo patrio. Fue un espectáculo nauseabundo, un desborde de obscenidad, vulgaridad, inmoralidad y estupidez. Fue una exhibición descompuesta de una gleba insurrecta sin causa, sin dirección y sin decoro, que no representa a la República Dominicana, ni a sus verdaderos hijos ni a su historia.

II.  La insurrección de la estupidez

Lo que se presenció no fue una rebelión de libertad ni una afirmación cultural, sino una sublevación de la necedad, un desfile de ignorancia y ofensa. Se confundió patria con perreo, cultura con espectáculo pornográfico, y bandera con disfraz de carnaval grotesco.

Albert Camus decía:

“La estupidez insiste siempre.”

Y eso vimos: estupidez insistente, insistida, legitimada y viralizada.

¿Qué demonios tenemos en la cabeza?

¿Estiércol? ¿Materia fecal? ¿Ala de cucaracha? Porque el cerebro no puede avalar semejante despropósito si aún se encuentra en uso funcional.

I.       No todo lo popular es digno

¿Quién autorizó esa basura como representación nacional?

¿En qué momento se estableció que bailar semi-desnudos, emborracharse en público, simular actos sexuales en plena vía y saturar de ruido vulgar las calles es una muestra de “orgullo dominicano”?

George Orwell sentenció con claridad:

“En una época de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario.”

Pues aquí va la verdad:

Lo del Bronx fue una aberración, una profanación cultural, una descomposición patriótica, una ofensa colectiva al legado de Duarte, Luperón, Hostos y las Hermanas Mirabal.

II.    El daño no es simbólico. Es real y medible

La estupidez no es neutra.

La mediocridad cuando se normaliza, contamina.

Datos sociales, antropológicos y diplomáticos nos muestran las consecuencias:

  1. Niños dominicanos en la diáspora vieron esa “celebración” y la asociarán con

su identidad. ¿Qué semillas sembramos en sus mentes?

  • Los observadores internacionales, confundidos, piensan que eso representa a nuestro pueblo. Nos juzgan por lo que mostramos.
    • La diáspora seria, trabajadora, honesta y progresista, quedó moralmente herida, vilipendiada por unos cuantos “representantes culturales” que no merecen el micrófono ni la tarima.

III.              Es hora de decir basta

La patria no se representa bailando en hilo dental, ni bebiendo ron en tarima, ni perreando sobre la bandera. Esa no es la cultura que fundó la República.

Mario Vargas Llosa advirtió:

“Cuando la cultura se banaliza, el ser humano retrocede hacia la selva.”

Y eso fue exactamente lo que vimos: una selva de cuerpos sin espíritu, una orgía pública de decadencia, una cloaca con escudo nacional.

IV. ¿Quién tiene el tupé de defender esto?

Que se presente.

Que dé la cara el que tenga el descaro de decir que esa manifestación representa algo digno de la patria.

El que defienda esa aberración no es patriota. Es cómplice del colapso moral y cultural.

Y no, esto no es conservadurismo extremo. Esto es ética básica, pedagogía cívica y defensa elemental del honor nacional.

¡Hay límites que una nación no puede seguir cruzando sin autodestruirse!

V.      Propuesta: Refundar o desaparecer

La solución no es ignorar, ni callar. Es actuar.

  • Esa “parada” debe ser cancelada, refundada o reorientada radicalmente.
  • Se necesita una comisión nacional de rescate cultural para supervisar la representación del país en el exterior.
  • Educadores, artistas reales, intelectuales, líderes comunitarios y religiosos deben ocupar el espacio que hoy está tomado por la basura ambulante.

Sócrates lo dijo claro:

“La educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente.”

Debemos encender la llama de la conciencia y apagar la pira de la necedad colectiva.

VI.      Conclusión: Patriotas, ¡alzad la voz!

No todo lo que se hace con una bandera es patriotismo.

No todo lo que grita “dominicano soy” representa al pueblo.

No todo lo popular es legítimo.

No todo lo que la gente aplaude es bueno.

Debemos parar de celebrar nuestra propia vergüenza.

Debemos dejar de ser espectadores mudos de un colapso moral en cámara lenta. Yo no me quedo callado. Porque amo esta patria.

Y porque creo en un país que sí puede levantar la cabeza con dignidad.

La estupidez no es cultura. La idiotez no es identidad. La vulgaridad no es arte.

¡BASTA YA!

Articulo escrito por : Ing. Rafael Sánchez C

DIOS ES BUENAZO…!!!

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