CUANDO EL ALMA PIENSA EN VOZ ALTA

Por: Ing. Rafael A. Sánchez C.
Ingeniero, Locutor, Comunicador y Magíster

Vivimos en un tiempo donde el alma se sofoca y la conciencia se diluye. El mundo parece girar con prisa
desalmada, tropezando en cada vuelta con su propia sombra. La violencia ya no sacude: entretiene. El odio ya no
indigna: se comparte. La mentira ya no se esconde: se celebra. Y la verdad… ¡ay, la verdad!, esa ha sido
condenada al silencio o al escarnio público.


Hemos llegado a un punto donde la humanidad vive de espaldas a sí misma. Se mata por un malentendido, se
traiciona por una conveniencia, se odia por pensar distinto. Y el respeto, ese pilar sagrado de toda sociedad
civilizada, ha sido exiliado de las calles, de los hogares, de las instituciones… y hasta de los púlpitos.
Los conflictos globales nos muestran una humanidad rota, fragmentada, perdida en su propio egoísmo. Gaza llora.
Ucrania sangra. Haití se desangra. Las grandes potencias se arman hasta los dientes mientras los pueblos claman
por pan, agua y dignidad. Hay más armas que abrazos, más algoritmos que afecto, más promesas que acciones. Se
impone el ruido, se celebra la banalidad, se aplaude la superficialidad.
Y en medio de ese caos global, ¿qué pasa con nuestra amada República Dominicana?
Aquí también hemos sido arrastrados por ese torbellino de valores extraviados. Aquí también nos duele ver cómo
se normaliza la vulgaridad, cómo se premia la traición, cómo se glorifica la mentira. Nos estamos acostumbrando
peligrosamente a convivir con la corrupción como si fuera parte del ADN institucional. Nos estamos resignando a
ver cómo se maltrata lo correcto, cómo se castiga lo íntegro y cómo se ignora lo esencial.
Se miente sin vergüenza. Se roba sin consecuencia. Se insulta como deporte. Y aún así, nos sorprendemos de que
las nuevas generaciones no tengan norte ni raíz. ¿Qué ejemplo estamos sembrando? ¿Qué nación estamos formando?
Pero… ¡no todo está perdido!
Aún quedan voces distintas. Voces que no gritan, pero estremecen. Voces que no se imponen, pero permanecen.
Voces que no buscan agradar, sino despertar. Son esas almas que piensan en voz alta. Que denuncian sin odio,
que escriben sin miedo, que viven con propósito.
Es tiempo de educar sin adormecer. De corregir sin humillar. De construir sin destruir. De amar sin condiciones.
Es tiempo de los que combinan análisis con alma, técnica con ternura, fe con firmeza. Es tiempo de los que
defienden la verdad con verbo encendido y corazón limpio. De los que siembran luz en medio de la confusión,
esperanza en medio del cinismo, y dignidad en medio del desorden.
Es tiempo de levantar la mirada, de sacudir el alma, de despertar la conciencia nacional. De volver a lo esencial.
A lo que nos une. A lo que nos hace verdaderamente humanos.
Y sobre todo -como eco profundo de fe y de certeza espiritual- es tiempo de recordar, afirmar y proclamar con
alma viva y pecho firme que por encima de todo:
¡DIOS ES BUENAZO…!!!

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